Un día una
reina le dijo a los sabios de la corte:
- Me estoy creando un precioso anillo.
Quiero guardar oculto dentro de él algún mensaje que pueda ayudarme en
momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederas, y a las herederas
de mis herederas, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera
que quepa debajo del diamante del anillo.
La mujer más anciana del reino se acercó.
-No he
escrito ningún tratado, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida, me he
encontrado con todo tipo de gente.Te entregaré el mensaje prometido. Mantenlo
escondido en el anillo. Abrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado,
cuando no encuentres salida a la situación.
Ese
momento no tardó en llegar. Hubo una gran catástrofe en sus tierras. Sus
enemigos la apresaron y pensó que ya no había forma de continuar su vida.
De
repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí estaba el
mensaje:
Mientras
leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre ella un gran silencio. Después
de todo, consiguió escapar. Huyó saltando, corriendo, gritando.
La reina
se sentía profundamente agradecida a su anciana abuela que le había honrado
con aquellas palabras. Y el día que hubo una gran celebración con música y
bailes por su regreso, se sintió muy orgullosa de sí misma.
La viejita
estaba a su lado en el carro y le dijo:
-Este también
es el momento: vuelve a mirar el mensaje.
-¿Qué
quieres decir? –preguntó la reina-. Ahora estoy victoriosa, la gente celebra
mi vuelta, no estoy desesperada, no me encuentro en una situación sin salida.
-Escucha:
este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para
situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es
para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último;
también es para cuando eres el primero.
La reina
abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió
la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y
bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. La reina pudo terminar
de comprender el mensaje.Entonces la mujer le dijo:
-Recuerda
que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y
la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como
parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las
cosas.
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viernes, 15 de junio de 2012
Para mi niña más bella
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Me ha servido de mucho y mil gracias por dedicármelo, mi niña bella <3 Todo pasará menos la satisfacción que he tenido de conocerte! *-*
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